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Queridos antifeministas

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Domingo, Noviembre 12, 2017 - 00:15

Queridos antifeministas, indecisos y similares:

Recientemente leí Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, Chimamanda Ngozi Adichie. Un libro epistolar que responde a una solicitud de su amiga Ijeawele: consejos para criar a su hija como feminista. Uso el formato y el mensaje de Adichie, sin pretender reexplicarlo, para dirigirme a quienes no entienden que el feminismo no solo les incumbe a las mujeres. Puede comprobar su elegibilidad como lector con las ‹herramientas feministas› de Adichie y su ‹feminismo ligero›.

Herramienta #1.¿Ha manifestado valorar a las mujeres porque tiene madre/hija/hermana/tía/abuela/novia/prometida/esposa y esto lo blinda de ser machista? Adichie nos recuerda que una mujer importa tanto como un hombre, sin condicionamientos. Incluso un hombre sin figuras femeninas cercanas debería aceptar esta premisa. Los racistas esgrimen argumentos similares: «no soy racista, tengo amigos [de otra raza]».

Herramienta #2. ¿Cree que una mujer puede beber/fumar/bailar/salir/vestirse/comer/hablar/discutir/etc. igual que un hombre? Adichie propone preguntas más específicas: ¿reprocha por igual la infidelidad masculina y la femenina? ¿Qué opinión tendría de un hombre que perdona una infidelidad? ¿Y de una mujer? Sus respuestas no deberían depender del género.

Feminismo ligero.¿Acepta que, «en el fondo, las mujeres son las que mandan en el hogar»? ¿Por qué en el fondo? ¿Por qué no puede una mujer ostentar poder como un hombre? Empecemos.

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Algunos asocian el feminismo con una turba de mujeres deseosas de dominar el mundo y enviarnos a los hombres a la cocina. En realidad, este movimiento no propone un cambio de dicotomía (ellas arriba, nosotros abajo), aboga por una igualdad efectiva y total, en la que hombres y mujeres puedan actuar, pensar y ser sin distinciones. El feminismo no desconoce que los hombres seamos discriminados. Pero la discriminación hacia ellas ha sido sistemática por siglos y tiene consecuencias tan graves como el feminicidio. No puede no hablarse de un problema de género cuando el problema es de género.

En USA, el movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) surgió en respuesta a la incesante discriminación racial que asesina vidas afroamericanas. Miembros de la población anglosajona (los mismos que no se consideran racistas) crearon All Lives Matter (Todas las vidas importan). Es cierto, todas las vidas importan. Pero ninguna otra raza en ese país sufre de tanta discriminación ni sus vidas peligran tanto como las de los afroamericanos. Merece, entonces, una atención particular. Igualmente, el feminismo necesita su nombre, espacio y discusión.

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Incluso el más antifeminista de ustedes encontrará sensatos los consejos de Adichie para criar a una hija como feminista. Pero los hechos demuestran lo contrario.

Adichie sugiere inculcar la lectura para «ayudarla a entender y cuestionarse el mundo y lograr ser lo que quiera ser». Pero... en Colombia el ex procurador general Alejandro Ordóñez asegura que, como lo hizo de joven, volvería a quemar libros como un «acto pedagógico».

Adichie exhorta a Ijeawele a enseñarle a su hija «a cuestionar el lenguaje, repositorio de nuestros prejuicios, creencias y suposiciones». Pero... la mención de profesiones como el secretariado todavía convoca la imagen de una mujer (a menos que sea el Secretario de Asuntos Internacionales), y en Alemania, mientras las niñas admiran a sus padres como superhéroes, los niños son sus propios superhéroes.

Adichie pide recordarle «que su cuerpo le pertenece solo a ella». Pero... Francia está considerando legislar para proteger a las mujeres del acoso callejero, en Portugal un juez usó la Biblia para justificar la violencia contra una mujer adúltera, en Canadá un hombre fue absuelto de violación porque él y su esposa creían que él podía tener sexo con ella sin su consentimiento, y en Colombia tres casos de abusos sexuales son reportados cada hora.

Para Adichie es clave que la hija de su amiga aprenda «a tener opiniones informadas, humanas y de mente abierta». Pero... en Colombia la congresista Claudia López denunció con vigor graves actos de corrupción y terminó siendo acusada de histérica y vulgar por alzar la voz.

Adichie le pide a su amiga no definirse ni dejarse definir por su maternidad. Pero... continúa existiendo una amplia brecha entre las licencias de paternidad y maternidad, y figuras como Jennifer Aniston son matoneadas por su decisión de no tener hijos.

También le recuerda a Ijeawele que la crianza de los hijos y las labores domésticas no constituyen su rol como mujer. Pero... creemos que el hombre solo provee y aquellos que ‹ayudan› en la crianza merecen reconocimiento por ello. En realidad, Adichie señala que solo están ejerciendo sus corresponsabilidades como padres y esposos.

Para Adichie, el matrimonio y el amor no deberían ser inculcados en las mujeres como logros de vida. Pero... a los hombres no se nos enseña lo mismo y esta situación crea un desbalance en cualquier relación. De la mujer se espera mayor sacrificio y entrega en el matrimonio, y se le cuestiona, acosa y discrimina con ferocidad –tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo– por sus intentos de reconciliar maternidad y vida laboral.

Adichie aconseja incentivar en los niños la creación de su identidad y el desarrollo de su potencial. Pero... les enseñamos a las niñas formas más finas que a los niños: ser calladas, no andar por ahí corriendo, no gritar, no usar malas palabras, mantener sus vestidos limpios, sentarse bien, ser amables, no alzar la voz. Las niñas sonríen. Adichie advierte los peligros de esta crianza: «muchas niñas permanecen en silencio cuando son abusadas porque quieren ‹ser simpáticas».

Para Adichie, «los roles de género son un sinsentido absoluto». Los niños visten de azul; las niñas, de rosa. Ellos juegan con figuras de acción; ellas, con muñecas. ¿Por qué limitar lo que un niño o una niña pueden ser o su comportamiento? No debería tratarse de criar a la mejor mujer o al mejor hombre, sino a la mejor persona, sentencia la autora.

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Muchos de estos comportamientos se justifican como tradiciones. Para las mujeres, educadas en roles sumisos y pasivos, repensar la sociedad representa la oportunidad de explorar su potencial no como mujeres sino como seres humanos, y de ser tan libres como los hombres. Para los hombres, en posiciones de privilegio, representa la oportunidad de entender que «las normas sociales son creaciones humanas y pueden ser modificadas».

La escritora se anticipa al pensamiento de algunos de ustedes: la biología como prueba de estar destinados a comportamientos disímiles. Sí, los hombres 1) tenemos penes; ellas, úteros capaces de gestar, 2) nosotros, pezones inútiles; ellas, senos que amamantan, 3) nosotros somos en la mayoría de los casos físicamente más fuertes que ellas. Pero... 1) y 2) no implican que la crianza de los hijos sea solo responsabilidad femenina –se podría argumentar que, habiendo gestado y dado a luz, le corresponde el turno al padre–. La única ventaja de 3) es abrir botellas de salsa de tomate intransigentes.

Adichie utiliza un ejemplo diferente. Se usa la biología selectivamente para justificar la promiscuidad masculina, pero también podría justificar la femenina: «Tiene sentido que las mujeres tengan más compañeros sexuales –entre más opciones, más oportunidades de procrear una descendencia próspera».

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Adichie es una escritora nigeriana, emigró a USA a los diecinueve años. Tiene varios títulos académicos y sus libros han obtenido muchos premios. Como es norma social machista requerirles a las mujeres credenciales para ser tomadas en serio, no los mencionaré. Hay que leerla por su mensaje, no por sus distinciones.

Todavía estoy desaprendiendo tradiciones machistas con las que fui criado. Es probable que muera sin desaprenderlas todas. Tenemos la oportunidad de inculcar una perspectiva diferente en las nuevas generaciones –también podemos y debemos criar niños feministas. Algún día ‹igualdad de géneros› y ‹roles de géneros› serán términos de épocas arcaicas en las que no todos los seres humanos eran iguales. Como la misma Adichie lo cree, «el propósito final del feminismo es alcanzar un punto en el que ya no sea necesario». Ahora, a leer a Adichie.

*Efraín Villanueva (@Efra_Villanueva). Escritor colombiano radicado en Alemania. MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Iowa.

Efraín Villanueva*
sumario: 
A propósito de la polémica por la exclusión de autoras colombianas de un evento en París, una carta abierta basada en el libro ‹Cómo educar en el feminismo›, de Ngozi Adichie.
No

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